ElPeriodico - Tienen mucho miedo. Quieren
salir, pero les asustan las amenazas. En lo que llevamos de año, una
treintena de jóvenes latinos han acudido a los Mossos d'Esquadra para
poder abandonar los Latin Kings o los Ñetas sin represalias. En todos
los casos, los jóvenes han conseguido salir de las bandas sin mayores
consecuencias.
"Lo importante es saber poner distancia y tiempo entre el joven y la
banda, sin levantar recelos", asegura el subinspector Lluís Paradell.
Muchos de estos jóvenes, la mayoría menores de edad, aparecieron en las
dependencias de la policía autonómica de la mano de sus padres. "Una
vez dentro de la banda, algunos se atemorizan de los compromisos que
les obligan a adquirir y se aterran de los castigos que les dicen que
recibirán si traicionan al grupo. Aunque, afortunadamente, las
represalias nunca son del calibre anunciado", añade el subinspector.
El miedo a las represalias les bloquea y buscan amparo policial. La
mayoría de estos jóvenes han acudido a las comisarías de Mossos
d'Esquadra de L'Hospitalet, Santa Coloma de Gramenet y dependencias de
menores.
Paradell, responsable del área central de análisis estratégico de los
Mossos, recibe y analiza todas las actuaciones que realiza este cuerpo
en relación con bandas latinas. De momento, el censo de jóvenes sigue
siendo de un millar, aunque el subinspector reconoce que, con el
despliegue en Barcelona, los Mossos tendrán una información mucho más
real de lo que se cuece en la ciudad y ese número subirá.
"Las bandas no han dejado de crecer. Lo que ocurre es que se han vuelto
mucho más discretas en las formas. Su imagen mediática es muy mala, les
vinculan con violencia y delincuencia. Y están en un proceso interno de
cómo resituarse ante la sociedad", asegura Paradell.
Siguen practicando ceremonias de iniciación y castigos ejemplares, y
algunos cometen delitos, bien por iniciativa propia o bien por mandato
de los cabecillas de la banda, pero los especialistas insisten en la
necesidad de no criminalizarlos.
"Aunque parezca una terrible contradicción, hay algo bueno en esas
bandas. Y no hay que menospreciarlo. Consiguen atraer a mucha gente y
cubren las carencias afectivas de muchos jóvenes latinos que llegan
aquí y se sienten maltratados", insiste el subinspector, que pide que
se midan bien sus palabras.
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Hace meses que los latins y los ñetas, a
diferencia de lo que ocurre en Madrid, no protagonizan ningún incidente
violento entre ellos. "No han firmado ninguna tregua. Seguramente, de
alguna pelea no nos habremos enterado, pero existe una sincera voluntad
de dejar de lado la violencia", insiste.
La reflexión no es única de los latins y ñetas catalanes. Vinculados
con sus compañeros de filas de Madrid, lo cierto es que están mucho más
atentos a lo que ocurre en Nueva York, Puerto Rico o Guayaquil. "Y allí
hay gente que está liderando un proceso para reconducir la escalada de
violencia en la que han degenerado las bandas", dice Paradell.